sábado, 2 de febrero de 2008

El cerillo


En medio de la noche oscura y fría, un pequeño cerillo se agolpaba en el fondo de la cerillera. La oscuridad le daba un terrible miedo y el fríio le resecaba su cabeza de fósforo. Cuando en la inmensa negrura de la noche no podía ver nada, comenzó a desesperarse, hasta que oyó una voz que con alegría decía: "¡Qué suerte!, aún me queda un cerillo". Sintió cómo su cuerpo era arrebatado con fuerza de la cajita y tras sentir un fuerte raspón en su cabeza se dio cuenta que la negrura de la noche había desaparecido. Después de haber encendido una hermosa lápara de petróleo en medio del bosque, murió.


El día de hoy celebramos una de las fiestas más tradicionales de nuestro México: la Candelaria. Esta fiesta está caracterizada por los tamales, el levantamiento del Niño Dios y las velas que se llevan a bendecir a los templos. La razón de esta fiesta es la Presentación del Jesús en el Templo de Jerusalén, donde un anciado llamdo Simeón, al ver al nió que llevaban María y José, lo reconoció como el Salvador prometido: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar morir a tu siervo, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, LUZ para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel". Por eso se encienden luces, para recordar que Jesús vino a iluminar nuestro mundo.


Pero el mismo Jesús nos dijo: "Ustedes son la luz del mundo". Tal vez te parezca que no eres más que un cerillito, y que tu vida no podrá iluminar a todo el mundo. Pero nunca olvides que una pequeña chispa puede roper la màs terrible oscuridad. La luz es contagiosa, y así, aunque no puedas incendiar todo el mundo, puedes encender otros tantos cerillos, o velas, o lámparas, incluso grandes fogatas que se propagarán para dar calor a la esperanza de los hombres. Claro que iluminar implicar dar un poco de tu propia vida, ¿estás dispuest@?

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