viernes 16 de octubre de 2009

Hola de México Aguascalientes

Hola les escribo para solicitarles que me envien a mi correo carlos.leos@gmail.com mp3 de rojo y marcos vidal.
Hasta pronto dios te bendiga

viernes 19 de junio de 2009

jueves 18 de junio de 2009

Novena al Sagrado Corazón. Día 9

18 de junio de 2009

Maravillosamente encadenado a un corazón
herido por amor no correspondido,
de profundas pasiones divinas encendido
en tintas rojas volcadas, palpitantes de perdón.

Amor que no puedo pagar es mi canción;
derroche de ternura, mi Dios herido
con corona de espinas, pan roto y compartido,
cruz redentora preñada en salvación.

¡Que me alegro por tu perenne compasión!
¡Que me duele por haberte ofendido!
¡Que me sangro por amar tu corazón!

¡Que me acobardo al sentir tus espinos!
¡Que me esperanzas con tu resurrección!...
y me encuentro como tú, también herido.

ZLK/Poema al S. Corazón, 18 junio 2004



miércoles 17 de junio de 2009

Novena al Sagrado Corazón. Día 8

17 de junio de 2009

Pero también esa lanzada, en el sentido opuesto y a la luz de la Sagrada Escritura y de los escritos y vidas de los santos, simboliza las delicadezas de amor de aquellas almas que de alguna manera han vulnerado al Corazón de Jesús, como dice la esposa en los Cantares: “Vulnerasti cor meum, soror mea, sponsa”, “Has herido mi corazón, esposa y hermana mía, has herido mi corazón con uno de tus ojos, con uno de tus cabellos” (4,9). Por eso, todo acto de amor hiere dulcemente al Corazón de Jesús, como todo acto de amor del amante hiere dulcemente al ser amado. Cuando Dios nos muestra su Amor, sus delicadezas, nos hiere, pero esa herida, en lugar de producir dolor, como en el caso de los enemigos, produce un gran deleite. ¡Son heridas de amor, son dardos de amor, son saetas de amor! Por eso santa Teresa, cuando quiere explicar lo que es el amor, lo compara a una saeta, a un dardo. Ella tuvo la experiencia, en el convento de la Encarnación, de un ángel que se le apareció y le clavó un dardo, una flecha encendida en el Amor de Cristo que le traspasó el corazón, en medio de un éxtasis místico, produciéndole un deleite inefable.
Otra escena entrañable y muy a propósito de lo que venimos diciendo, es la que nos narra san Juan en su Evangelio (13,23), cuando recuesta su cabeza sobre el Corazón de Jesús, en la última Cena, el Jueves Santo. Este pasaje ha sido comentado, de una u otra forma, prácticamente por todos los místicos, los cuales han visto simbolizado en él todo el Evangelio, el ápice de la vida cristiana: el matrimonio espiritual del alma con Jesucristo. Y ahora que decimos matrimonio espiritual, recordemos cómo el amor entre el hombre y la mujer se simboliza por los dos corazones, o un corazón traspasado por los nombres de los amantes. Y Jesús ha querido también tener Corazón, al igual que nosotros, y que ese Corazón sea abierto por la lanza del soldado el Viernes Santo en el Calvario, precisamente para que a través de esa llaga entremos en Él y descubramos los tesoros escondidos de su Amor, y nos embriaguemos de la sangre y del agua que brotan de su costado.
Incluso ha habido santos que tuvieron la experiencia mística de que el mismo Jesús les presentara su propio Corazón y han sentido la impresión de tomar, de mojar los labios en la sangre del costado. Ciertamente que son fenómenos místicos, pero que indican una realidad profunda, que es esa fusión del Amor del Corazón de Jesús en ellos.




martes 16 de junio de 2009

Novena al Sagrado Corazón. Día 7

16 de junio de 2009
El Corazón de Jesús en la experiencia mística de los santos:
En esta tercera parte tendríamos que citar una galería de grandes santos, lo cual es imposible lógicamente. Recordemos, para empezar, a santa Margarita María Alacoque, que fue la confidente del Sagrado Corazón de Jesús; también a santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, san Ignacio de Loyola, san Bernardo, san Buenaventura, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, san Francisco de Asís, y muchísimos otros santos que se han distinguido por esta devoción. Entre los más cercanos a nosotros podemos recordar a uno de los grandes promotores del culto al Corazón de Jesús, citado incluso por el Papa Pío XII, que fue el Padre Mateo Crawley-Boevey; y también a Monseñor Manuel González, el obispo “de los sagrarios abandonados”. Todos ellos, entre tantos otros, han encontrado en el Corazón de Jesús sus delicias. Esto es lo que rezamos en la última de las Letanías: “Cor Iesu, deliciae sanctorum omnium”, “Corazón de Jesús, delicia de todos los santos”. Ellos se han acercado a beber de esa Fuente inexhausta, y penetrando en ella por la llaga del costado hicieron de Cristo su dulzura y su tesoro.
Detengámonos un momento en esa llaga del costado que simboliza, en primer lugar, la invitación de Jesús para que entremos en su intimidad, lo cual es propio de la vida contemplativa. La preciosa llaga simboliza también la reparación que le debemos, además del amor. Esta es una nota esencial en la devoción al Corazón de Jesús. Un Corazón traspasado, herido por sus enemigos, “Víctima peccatorum” (víctima de los pecadores y de los pecados) exige, reclama reparación ¡Cuántas almas santas han ofrecido sus sufrimientos, sus enfermedades, sus sequedades, sus humillaciones, todas sus cruces, para consolar y desagraviar al Corazón de Jesús, ante la falta de amor de tantos hombres. De modo que el que ama, ama reparar las ofensas contra el ser que ama, quiere reivindicar, “vengar”, santamente hablando, los pecados de los hombres. Esta reparación la encontramos expresada en aquella oración en la que san Francisco de Asís le dice al Señor: “donde haya odio, que yo ponga amor, etc...”. De manera que si la lanzada simboliza el pecado y todo lo que hemos hecho sufrir al Corazón de Jesús, nuestro amor hacia El deberá ser reparador.



lunes 15 de junio de 2009

Novena al Sagrado Corazón. Día 6

15 de junio de 2009
He aquí, en resumen, los tres aspectos fundamentales de la teología del Corazón de Jesús. En realidad, en el simbolismo del Amor confluyen los otros dos, la ejemplaridad y el dolor. Esto se debe a que en el Amor de Jesús se funden tres realidades o dimensiones, reducidas a la unidad en virtud de la unión hipostática: el Amor propiamente divino del Verbo, segunda Persona de la Santísima Trinidad, y los amores (espiritual y sensible) propios de la Humanidad de Cristo De ahí la armonía perfecta que late en el Corazón de Jesús; es como un nudo, por así decirlo, en donde convergen el Amor infinito de Dios y el amor humano del hombre, a quien Cristo representa como Cabeza del Cuerpo Místico.
De modo que en el Corazón de Jesús tenemos la síntesis de todo el universo, la recapitulación de todas las cosas: la dimensión estrictamente hablando divina, como queda dicho, y la dimensión humana, en su doble vertiente espiritual y sensible. Todo el mundo material está representado, recapitulado, simbolizado, en el amor sensible de Cristo. Todo el mundo espiritual de las almas, de las inteligencias y de los ángeles se encuentra simbolizado, unificado en el Alma de Cristo. Y el Amor eterno de Dios en el mismo Verbo, el Hijo.
Por todo lo que hemos considerado hasta aquí, podemos decir con el Santo Padre Pío XII que la devoción al Corazón de Jesús no es una devoción más, sino que es “la Devoción sustancial” (Cfr. Encíclica Haurietis aquas). Y esto porque se trata del mismo Amor del Verbo encarnado, simbolizado en su Corazón, que representa la Persona divina y la Naturaleza divino-humana de Jesucristo.
En el Corazón de Jesús se encierra toda la economía de la salvación. La gracia santificante brota de este Sacratísimo Corazón, como también los sacramentos, todo lo cual se encuentra simbolizado en las gotas de sangre y agua que brotaron del costado abierto del Redentor. Es san Juan Apóstol, el enamorado del Corazón de Jesús, quien hace notar que después de que el soldado atravesó el costado de Jesús muerto en la cruz, “al instante brotó sangre y agua” (Jn 19,34).
Esas gotas de sangre y agua son al mismo tiempo símbolo de la Iglesia, la Esposa mística, que como segunda Eva, nace del costado herido del Nuevo Adán, dormido en la cruz (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 766).


domingo 14 de junio de 2009

Novena al Sagrado Corazón. Día 5

14 de junio de 2009
Veamos ahora sencillamente y de una manera esquemática, los simbolismos que encierra el Corazón de nuestro Rey adorado y hermoso:
* Ejemplar y modelo. Retomando las enseñanzas de San Pablo, que nos decía que el designio del Padre es “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1,10). De esta manera, el Corazón de Jesús se nos presenta como el ejemplar y modelo de toda la obra de la Creación, de la Redención y de la Glorificación. Todo está concentrado en el Corazón de Jesús, todo fluye en definitiva del Corazón de Jesús. Esto es lo que leemos en la Carta a los Colosenses: “El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en El fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles... todo fue creado por El y para El. El existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea El el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en El toda la Plenitud, y reconciliar por El y para El todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos” (Col 1,14-20). Cuando decimos “Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios” hablamos de una unión sustancial, de lo que llamamos la unión hipostática, como ya hemos visto. Y todo esto nos lleva a considerar que en Jesucristo tenemos la síntesis de Dios y del hombre, armónicamente simbolizada en el Corazón de Jesús (Cuerpo, Alma, Divinidad), y en consecuencia, la síntesis de todas las cosas del cielo y de la tierra.
* En segundo lugar, el Corazón de Jesús es símbolo del Amor de Dios. En la Carta a los Romanos el Apóstol exclama: “¿Quién nos separará del Amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Mas en todas estas cosas vencemos por Aquél que nos amó. Porque persuadido estoy que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (8,35. 37-39). Ese Amor de Dios revelado en Cristo, se manifiesta concretamente en su Corazón divino-humano, humano-divino, su Corazón de carne, en el cual habita, como en un sagrario viviente, la plenitud del Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
* El tercer simbolismo es el del dolor. Antes hemos dicho que el Corazón de Cristo es la suma de todos los misterios de nuestra Redención. Y decir Redención equivale a decir sufrimiento, sacrificio, muerte, pasión, dolor. Esto es lo que encierra aquella letanía que reza “Cor Iesu, lancea perforatum”, es decir, traspasado por una lanza. Y de ese costado perforado brotó sangre, lo cual nos está indicando que allí hay muerte, hay dolor, hay sufrimiento, porque es el misterio de un Amor rechazado por los hombres, que llega hasta la locura de la muerte en cruz.