miércoles, 12 de marzo de 2008

La casa abandonada



A poco no es asombroso descubrir cómo las cosas se deterioran con el tiempo. Pero es más interesante ver que las cosas que no se usan son las que más sufren estragos. Podríamos pensar que una casa en la que la puerta se azota todos los días, en que los pisos se remojan una y otra vez, en la que transitan continuamente sus habitantes tendría que estar más gastada que aquella casa sola y cerrada por meses.

Las casas olvidadas se destruyen por la maleza que crece sobre sus pisos y paredes, y todo gracias al polvo que se fue acumulando y logró hacer de un piso de mármol una maceta. Y qué decir de las telarañas y nidos de insectos y de aves que manchan y carcomen las superficies donde se colocan. En fin, las casas olvidadas son más costosas de reparar que un desperfecto hecho por el uso.

Lo mismo pasa con las personas, a una persona olvidada es más difícil hacerle creer que nuestro "te quiero" es verdadero. Y como ya no la frecuentamos hemos olvidado cómo era todo en un principio, es un trabajo casi de arqueología. Por ello, el silencio y el distanciamiento entre personas es más dañino para la relación que los pleitos constantes. Aún cuando hay roces entre nosotros, la constancia en el trato nos permite saber cultivar la relación.

¿A quién hemos olvidado?

Buenos Días!!!

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