jueves, 7 de febrero de 2008

para "alegrar" a Dios y para alegrarte a ti



Te vengo a dar deleite,
vengo a acabar con tu tristeza.
Soy un cantor,
vengo a deleitar,
vengo a hacer reír a Dios.
¡Soy un cantor!

Este fragmento de un antiguo cantar mexicano precolombino, nos muestra que Dios no es sólo un consuelo para nosotros, también nosotros estamos llamados a "alegrarlo" a él. Los antiguos pensaban que los hombres estaban puestos en la tierra para servir a la divinidad, pero Dios no nos necesita. Si nos necesitara, pues no sería Dios.

Dios nos ama, y sólo desde ese amor, podemos entender que hemos de agradarle. Por eso tratamos de "hacerlo sonreír", como un niño pequeño busca agradar a sus padres, agradecido por sentirse amado por ellos.

En el tiempo de cuaresma son muy populares las penitencias y sacrificios, pero mucho ojo, no podemos pensar que Dios disfrute con nuestro dolor, con nuestra hambre, con nuestras privaciones... todas estas cosas son buenas, pero no porque le agraden a Dios, sino porque nos muestran el gran amor que Dios nos tiene: "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido". Por eso, cuando tenemos hambre podemos agradecer que tenemos qué comer y nos tenemos que solidarizar con aquellos que no son tan afortunados como nosotros. "Quiere azul celeste, que le cueste", las cosas fáciles no las apreciamos, si nos esforzamos en lograr algunas metas, descubrimos que Dios nos regala tantas más cosas.

Al hacer tus penitencias y sacrificios en esta cuaresma, ofrécelas a Dios no como una meta, sino como el medio que te ayuda a valorar más el Amor que gratuitamente él te tiene. Y cuando te des cuenta que él te ama, él sonreirá porque tu corazón ha tocado la paz. ¡Ánimo en esta cuaresma, que sea un tiempo de renovación para ti y los tuyos!

miércoles, 6 de febrero de 2008

En forma...


La cultura actual poco a poco nos está enseñando a tener buenas condiciones de salud mediante una dieta saludable y el ejercicio físico frecuente. De la misma manera la Iglesia nos enseña que es necesario mantener nuestro espíritu en buenas condiciones, y para ello, cada año nos propone el tiempo de Cuaresma que iniciamos el día de hoy.

Muchas enfermedades se pueden evitar, e incluso vencer con el ejercicio físico constante. El pecado mismo, que es como una enfermedad, se puede vencer con ejercicio espiritual, y eso es precisamente lo que la Iglesia nos propone este año, una carrera dividida en cinco etapas: primera etapa: un camino rodeado de árboles, que discurre junto a un río, y del que parte otro camino que ataja el recorrido (primer domingo: la prueba del poder), segunda etapa: una zona de montaña (segundo domingo: el encuentro con el Padre); tercera etapa: un trecho de camino invadido por una charca y con mesas de avituallamiento al otro lado (tercer domingo: la prueba de la sed), cuarta etapa: un túnel (cuarto domingo: la prueba de la ceguera), y quinta etapa un camino estrecho rodeado de alambre, que finalmente se abre para empalmar con un camino en el que está Jesús con la cruz a cuestas señalando hacia la Pascua (quinto domingo: la prueba de la muerte).

Como en toda carrera, todo comienza con las inscripciones y hoy es el día de las inscripciones para la carrera a la que nos invita la Iglesia. Si queremos participar en ella, la Iglesia nos sugiere también usar el calzado adecuado, de preferencia ya usado, es decir austero, nada ostentoso, esto es, el ayuno. Puesto que nos podemos deshidratar en el camino, la Iglesia nos propone el agua de la oración. Pero no estaremos otros seguramente muchos serán los participantes en esta carrera, a todos ellos debemos verlos como compañeros de camino, nunca como rivales, por ello la Iglesia nos invita a la limosna, esto es, a la solidaridad.

¿Quieres participar? ¿Aceptas el reto de luchar por mejorar tu salud espiritual?
D. Kevin Mejía, SDB

martes, 5 de febrero de 2008

San Felipe de Jesús


Es bien sabido por todos nosotros que si estamos abiertos a los acontecimientos que suceden en lo ordinario de la vida, nos damos la oportunidad de aprender algo nuevo cada día. En la historia siempre han existido hombres valientes que se aferran y entregan su vida por causas nobles y justas para sus hermanos los hombres, podemos traer a la memoria a Martin Luther King, el cual murió defendiendo los derechos civiles mediante una lucha pacifista. Del mismo modo podemos mencionar a Mahatma Gandhi y a muchos otros que sin importar el esfuerzo e incluso su vida, llegan a morir por el bien del prójimo.

Un ejemplo que podemos tomar para el día de hoy lo encontramos en la figura de San Felipe de Jesús, mexicano que siendo hijo de una familia de buena posición económica decide ser religioso y entregar su vida al servicio de sus hermanos. Viaja fuera del país para estudiar para sacerdote y al tratar de regresar a la ciudad de México para su ordenación, el barco en que viajaba naufragó y fue destrozado junto a las costas de Japón, allí Felipe se dispuso a evangelizar y a dar a conocer a Jesús, pero los japoneses temían de los misioneros y los tomaron presos a él, a varios franciscanos y a algunos japoneses que se habían convertido al cristianismo. Los atravesaron con lanzas. El primero fue Felipe de Jesús. Murió repitiendo el nombre de Jesús. Le dieron dos lanzadas en el pecho que le abrieron las puertas de la Gloria de Dios. Felipe buscó realizar una vocación a la cual se sintió llamado y la realizó hasta morir por ella, se entregó a Dios para darlo a conocer a quienes no lo conocían.

Nosotros podemos aprender hoy a esforzarnos en realizar bien lo que nos corresponde ya sea en la escuela, en el trabajo, con nuestra familia y sobre todo en tratar de realizar la vocación que Dios tiene para cada uno, y al mismo tiempo acercándonos a la Eucaristía o con nuestra oración, podamos pedirle a Jesús nos ayude a realizar esa vocación que tenemos en la vida. Habrá que recordar que el testimonio de los santos confirma el amor a Dios y que su testimonio nos puede ayudar a crecer en nuestra vida espiritual, en nuestra vida de fe.
Martín Delgado, SDB

lunes, 4 de febrero de 2008

Las coles, queridos jóvenes


Cuando Don Bosco comenzó su obra de los oratorios, lo corrían de un lado para otro con todo y sus muchachos. Una vez que estaban tristes porque los habían corrido de un lugar, un colaborador de Don Bosco, el teólogo Borel dijo el siguiente sermón:


"Las coles, queridos jóvenes, si no se trasplantan, no se hacen grandes y hermosas. Pues lo mismo ocurre con nuestro Oratorio... Demos de lado a los pensamientos tristes y pongámonos por completo en las manos del Señor, que él cuidará de nosotros... El pesará el el lugar conveniente para promover su gloria y nuestro bien"


Así nos pasa en momentos, cuando creemos tener todo seguro, todo planeado, los imprevistos nos obligan a buscar nuevas alternativas y modificar nuestros planes. Por eso, ahí es donde tenemos que crecer y mostrar todo lo que valemos, cada vez que nos tenemos que adaptar a situaciones nuevas tenemos que desechar todo aquello que es superfluo y afianzar lo que es necesario; cada vez tenemos que ser más fuertes y terminaremos siendo unos "lechugones".

domingo, 3 de febrero de 2008

Bienaventurados


Haz, Señor, resonar tu voz
en medio del ruido del mundo

Mira que el golpetear de los segundos
en nuestros oídos,
la prisa de buscar el pan de cada día,
la agenda apretada de citas
y los aparadores en que se ofrecen
los sueños de bienestar,
nos han hecho sordos a tu voz
y ciegos a tu presencia.

Sin embargo,
brillas en la pequeñez de los sencillos:
de los pobres,
de los niños,
de los hambrientos
y de los que sufren…
ellos cuando nada poseen,
son capaces de abrirse
a la infinita esperanza de tu amor…

y nosotros, ¡ay! nosotros,
que hemos sido puestos en el mundo,
sembrados por tu mano
para dar cumplimiento a esa esperanza,
nos quedamos tullidos
y con los ojos llenos de amargura.

Los problemas reales de la subsistencia,
de la soledad,
son un grito para nuestra propia salvación,
porque si pensamos que nos bastamos,
¿cómo descubrirnos acariciados
por tu presencia providente?

Bienaventurado tú que sufres,
enséñame a amarte,
enséname y llévame al Dios en que confías…

Ven, Espíritu Santo, padre de los pobres
y transforma mi corazón.
Amén.

sábado, 2 de febrero de 2008

El cerillo


En medio de la noche oscura y fría, un pequeño cerillo se agolpaba en el fondo de la cerillera. La oscuridad le daba un terrible miedo y el fríio le resecaba su cabeza de fósforo. Cuando en la inmensa negrura de la noche no podía ver nada, comenzó a desesperarse, hasta que oyó una voz que con alegría decía: "¡Qué suerte!, aún me queda un cerillo". Sintió cómo su cuerpo era arrebatado con fuerza de la cajita y tras sentir un fuerte raspón en su cabeza se dio cuenta que la negrura de la noche había desaparecido. Después de haber encendido una hermosa lápara de petróleo en medio del bosque, murió.


El día de hoy celebramos una de las fiestas más tradicionales de nuestro México: la Candelaria. Esta fiesta está caracterizada por los tamales, el levantamiento del Niño Dios y las velas que se llevan a bendecir a los templos. La razón de esta fiesta es la Presentación del Jesús en el Templo de Jerusalén, donde un anciado llamdo Simeón, al ver al nió que llevaban María y José, lo reconoció como el Salvador prometido: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar morir a tu siervo, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, LUZ para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel". Por eso se encienden luces, para recordar que Jesús vino a iluminar nuestro mundo.


Pero el mismo Jesús nos dijo: "Ustedes son la luz del mundo". Tal vez te parezca que no eres más que un cerillito, y que tu vida no podrá iluminar a todo el mundo. Pero nunca olvides que una pequeña chispa puede roper la màs terrible oscuridad. La luz es contagiosa, y así, aunque no puedas incendiar todo el mundo, puedes encender otros tantos cerillos, o velas, o lámparas, incluso grandes fogatas que se propagarán para dar calor a la esperanza de los hombres. Claro que iluminar implicar dar un poco de tu propia vida, ¿estás dispuest@?

viernes, 1 de febrero de 2008

¿Fidelidad hasta la muerte?


Don Bosco decía a sus salesianos: "Procure perseverar cada cual en la vocación hasta la muerte, recordando siempre las gravísimas palabras del divino Salvador: ninguno que pone la mano en el arado y mira atrás, es apto para el reino de Dios".

El día 1 de febrero se recuerda a todos los salesianos difuntos, a todos aquellos que se mantuvieron en la congregación hasta la muerte, pero ¿esto es fidelidad?

Cuando se persevera en un compromiso por el mero compromiso no es un signo de fidelidad, sino de aguante. La perseverancia no sirve de nada sin fidelidad. Cuando a los alcohólicos anónimos se les pregunta por el éxito de su rehabilitación, la respuesta de muchos es el compromiso de cada día. Prometen estar sobrios sólo por un día, cada día renuevan su compromiso. Eso es la fidelidad: un compromiso renovado constantemente.

La fidelidad responde a un movimiento de amor que se renueva: los esposos saben bien que no existe el amor de una vez para siempre, sino que el amor se cultiva cada día; los religiosos también lo saben.

La fidelidad no es un pesado compromiso, sino una libertad firme y renovada hacia lo que se ama, de preferencia hacia la persona que se ama. Sólo en el amor se entiende la fidelidad, porque ella implica renunciar a caprichos personales y momentáneos para alcanzar el proyecto que realmente se ama y se ha soñado largamente. ¿Y tú, por quién eres fiel?